Hay carreras de trail donde te entregan un chip, te pasan por un arco de cronometraje y te dan una polera técnica con el logo del sponsor. Y hay otras carreras. Las de pueblo. Las que empiezan cuando llega el ferry.
Esta fue la segunda.
Madrugando para nada (y está bien)
Me levanté a las 6:30 del domingo 5 para llegar al embarcadero de Puluqui con tiempo. Llegué unos 30 minutos antes del inicio. No había nadie. Nada. Solo el muelle, el agua y yo.
Lo que no había calculado es que el grueso de los corredores venía cruzando desde Calbuco en el ferry que llegaba a las 8:15. Yo, en modo Santiago —donde si no estás 20 minutos antes ya llegaste tarde—, había sobreestimado el nivel de urgencia local.
Por acá hay un dicho: el que anda apurado pierde el tiempo. Me lo fui aprendiendo en el muelle.
La carrera
A las 9 de la mañana partimos bordeando la isla. Salieron alrededor de 30 corredores. Nicolás, el organizador principal, iba entre los nuestros.
Lo que pasó después fue lo que pasa en las carreras de cerro cuando el territorio manda: muchos corredores se fueron quedando en distintos puntos de la ruta. Algunos tenían pensado hacer menos distancia, otros simplemente decidieron en el camino. Sin juicio, así funciona esto.
Cuatro horas y media después, tres corredores cruzamos la meta habiendo completado los 50K de la vuelta. Bueno, 46. El GPS no miente, aunque tampoco es que 4 kilómetros de diferencia los hayas notado en las piernas.
Terminé tercero. Nicolás primero, otro corredor —cuyo nombre honestamente no recuerdo, lo siento— segundo, y yo cerrando el podio de tres personas.
La premiación más honesta del circuito
Me regalaron:
- Un par de calcetines
- Una caja de jugo
- Una barrita de cereal
- Un frasco de miel que todavía no abro
No hay ironía acá. Fue perfecto. Una carrera simple, de pueblo, en un lugar donde el paisaje y el ambiente te dan más de lo que cualquier medalla podría.
Lo que me llevo
Estar en Puluqui me enseñó algo que en Santiago cuesta recordar: no todo tiene que ser eficiente, cronometrado y con soporte de suministros cada 10K. A veces la mejor versión de este deporte es la más simple. Tú, un mapa, el borde de una isla y el tiempo que sea necesario.
Esta semana sigo en Puluqui descansando las piernas antes de volver a entrenar. Chao por ahora.
¿Has corrido alguna vez en una carrera así, de las más simples? Cuéntame en los comentarios.